Luján
Peregrinar juntos a la casa de nuestra Madre.
Es una oportunidad única en el año para compartir oración (porque peregrinar es una forma muy particular de oración) junto con la Iglesia Argentina en toda su diversidad.
Qué impactante es encontrarse con esa marea infinita de gente que camina. Diferentes parroquias, movimientos de diversos carismas, congregaciones, consagrados, laicos... gente de todas las edades y orígenes que expresan su fe de las más variadas formas: silenciosos, orantes, cantores... Tanto por observar, tanto por aprender, tanto por compartir.
Rezamos con la mente, rezamos con la voz, rezamos con el corazón y rezamos con el cuerpo, cada paso lenta y rítmicamente profundizando en la oración, en el misterio, en la fe, en la razón que nos llevaron hasta ahí. Nos encontramos con nuestros límites, con nuestra fragilidad... y tal vez eso nos ayude a bajar la guardia y a conectarnos más con el otro, también frágil, y con Dios. Y en esa fragilidad hay gente que nos ayuda, que nos da aliento, que nos da alimento, nos da energía.
Y al final de todo llegamos a la casa de nuestra Madre, porque en el fondo a eso fuimos, a visitar a nuestra madre así como visitamos a nuestros amigos y a la gente que queremos. Para que no se apague el vínculo, para simplemente estar, para expresar nuestro afecto, nuestra confianza, nuestro agradecimiento, para, simplemente, permitirnos ser amados.
Esto y tantas otras cosas más pasan en el camino hacia Luján, sólo hay que tener el corazón dispuesto.
¿Cómo se puede ayudar?
Antes que nada, la invitación siempre es a peregrinar. Si no, se puede ayudar de otras maneras:
- Ayudando en la coordinación previa (2 meses antes).
- Coordinación de inscripciones.
- Coordinación de equipos de ayuda.
- Coordinación de puestos (jóvenes y adultos).
- Realizando las compras previas.